-Histórico
Vol 19 [2012]
Vol 18 [2011]
Vol 17 [2010]
-- Num 8 [Nov]
-- Num 7 [Oct]
-- Num 6 [Ago]
-- Num 5 [Jun]
-- > Num 4 [May]
-- Num 3 [Abr]
-- Num 2 [Mar]
-- Num 1 [Ene]
-- Num Especial [Jun]
Vol 16 [2009]
Vol 15 [2008]
Vol 14 [2007]
Vol 13 [2006]
Vol 12 [2005]
Vol 11 [2004]
Vol 9 [2002]
Vol 8 [2001]
Vol 7 [2000]
Vol 6 [1999]
Vol 5 [1998]
-- Directorio de Autores
 
Portada > Vol 17 > Num 4 > Articulo 678    
     
Editorial  

 

¿Quo vadis dolor?.

Autores: Insausti Valdivia, J. ; Bedmar Cruz, M.D. ; del Pozo Martín, C. ; Abejón González, D. ; de Córdoba Benedicto, J.L. ; de la Calle Reviriego, J.L. ; Martí Acebedo, I. ; González-Escalada Castellón, J.R. ; Busquets Juliá, C. ; Sala Paya, J. ; Padrol Munté, A. ; Franco Gay, M.L. ; Ramón , J.M. ; Calvo Sáez, J.L. ; Sulleiro Carnero, R. ; Pezonaga Pérez, L. ; Rubio Artiga, C. ; de Barutell Farinós, C. ; López Pérez, A.E. ; Collado , A. ; Rodrigo Royo, M.D. ; Quero López, J. ; Cía Blasco, P. ; Rodríguez Hernández, J.L. ; Caramés Álvarez, M. ; Zueras Batista, R. ;

Codigo de referencia de este contenido:
Zueras Batista, R. ; Caramés Álvarez, M. ; Rodríguez Hernández, J.L. ; Cía Blasco, P. ; Quero López, J. ; Rodrigo Royo, M.D. ; Collado , A. ; López Pérez, A.E. ; de Barutell Farinós, C. ; Rubio Artiga, C. ; Pezonaga Pérez, L. ; Sulleiro Carnero, R. ; Calvo Sáez, J.L. ; Ramón , J.M. ; Franco Gay, M.L. ; Padrol Munté, A. ; Sala Paya, J. ; Busquets Juliá, C. ; González-Escalada Castellón, J.R. ; Martí Acebedo, I. ; de la Calle Reviriego, J.L. ; de Córdoba Benedicto, J.L. ; Abejón González, D. ; del Pozo Martín, C. ; Bedmar Cruz, M.D. ; Insausti Valdivia, J. ; :¿Quo vadis dolor?. Rev Soc Esp Dolor 17 (2010);4 :187 - 189
 

 

_Servicios

 

aUnidad del Dolor, Hospital Severo Ochoa, Legones, Madrid, España

bUnidad del Dolor, Hospital de Fuenlabrada, Fuenlabrada, Madrid, España

cUnidad del Dolor, Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda, Madrid, España

dClínica del Dolor, Centro de Enfermedades del Aparato Locomotor y Medicina del Deporte Trauma Salut, Sabadell, Barcelona, España

eUnidad para el Estudio y Tratamiento del Dolor, Hospital Ramón y Cajal, Madrid, España

fClínica del Dolor, Hospital Germans Trias i Pujol, Badalona, Barcelona, España

gUnidad del Dolor, Hospital Ramón y Cajal, Madrid, España

hUnitat de Dolor, Hospital Clínic Universitari, Barcelona, España

iUnidad Dolor, Hospital Universitario Joan XXIII, Tarragona, España

jUnidad de Clínica del Dolor, Hospital Universitario Joan XXIII, Tarragona, España

kClinica del Dolor, Hospital de Cruces, Baracaldo, Vizcaya, España

lHospital General Universitario de Elche, Elche, España

mHospital de Navarra, Navarra, España

nClínica del Dolor de Barcelona, Barcelona, España

°Clínica del Dolor, Hospital General Universitario Gregorio Marañón, Madrid, España

pReumatología, Hospital Clínico, Barcelona, España

qHospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España

rUnidad del Dolor, Hospital Ntra. Sra. de La Candelaria, Tenerife, España

sUnidad del Dolor, Las Palmas de Gran Canaria, España

tFEA Hospital Universitario de Móstoles

Disponible en Internet el 24 de mayo de 2010

*Autor para correspondencia. Correo electrónico: j.insausti@mac.com (J. Insausti Valdivia).

 

El comienzo de un nuevo siglo puede ser una buena ocasión para reflexionar sobre el pasado y hacer una crítica razonable y constructiva que nos permita afrontar el futuro con un nuevo impulso. La historia de las unidades del dolor en España prácticamente se repite en toda la extensión de la geografía: una persona interesada en el dolor inicia una actividad, en la mayoría de los casos dentro de un servicio de anestesiología y, poco a poco, la mayoría de las veces con una formación autodidacta, o con breves visitas a otros servicios, va aumentando su presencia e importancia dentro de una estructura hospitalaria. La mayor o menor capacidad de cada clínica del dolor va a estar determinada por el empeño y la capacidad de esa persona, siempre sometida a la incomprensión de sus compañeros de especialidad, con los que tendrá que competir en recursos materiales y de personal, en inferioridad de condiciones, pues todos sabemos la prioridad que supone la actividad del quirófano para la administración y los propios jefes de servicio de anestesia. Este modelo que ha permitido el nacimiento de las unidades del dolor nos ha llevado, según nuestra opinión, al estancamiento de una especialidad médica que en la actualidad carece en la mayor parte de los casos de:

•  Una definición de su plantilla, esta puede variar de unos días a otros, y de unas temporadas a otras, los veranos suelen ser especialmente épocas de carestía, lo que hace tremendamente difícil desarrollar un trabajo organizado y planificado. Además, al estar dentro de los servicios centrales, la competencia siempre irá a favor del quirófano, haciendo que las unidades del dolor sean el hermano pobre de la familia. En los casos excepcionales en que esta definición está realizada, el problema suele ser la falta de dimensión de la plantilla con respecto al trabajo y la población a la que se atiende. No digamos en cuanto al personal de enfermería, auxiliar y administrativo, que suelen ser otra de las graves carencias de las unidades actuales.

•  Una definición de su cartera de servicios, las unidades del dolor son variopintas en su trabajo, pudiendo variar desde las que solo hacen tratamientos farmacológicos hasta las que realizan todas las técnicas intervencionistas, incluidas la implantación de neuroestimuladores y bombas de infusión, sin que esto se ajuste a una distribución territorial ni a un plan coordinado dentro de cada autonomía.

•  La imposibilidad que los que nos dedicamos al tratamiento del dolor tenemos para poder trasladarnos o concursar a plazas de nuestra especialidad. Siempre tendremos que hacerlo a servicios de anestesiología, pues no existen plazas definidas para el tratamiento del dolor.

•  La formación de los médicos dedicados al dolor no existe, no hay una definición de la especialidad, y la famosa área de capacitación lleva años estancada, sin que parezca que los interesados, sobre todo la Sociedad Española del Dolor pueda llevarla a buen fin. La totalidad de los facultativos que actualmente trabajan en las unidades del dolor no tienen ningún título que acredite sus conocimientos y capacidad profesional, siendo paradó­jico que muchos anestesiólogos de un día para otro se sienten a pasar una consulta del dolor crónico con unos conocimientos adquiridos durante su residencia que se limitan a una rotación de dos meses por una unidad del dolor.

Esto es lo que nos ofrece el modelo actual, un panorama desolador, en el que algunos médicos después de superar años de incomprensión, peleas con sus propios compañeros de servicio, su jefe de servicio, sus directores médicos y sus gerentes, en el mejor de los casos han conseguido una clínica del dolor donde se trabaje de manera más o menos acertada, cuando no han arrojado la toalla y dedicado a temas menos exigentes desde el punto de vista personal y profesional.

Mientras tanto, nuestra sociedad se adentra en el siglo XXI, demandando cada vez mejores cuidados, que permitan que el alargamiento de la esperanza de vida de nuestros ciudadanos se acompañe de los medios adecuados para hacer que su calidad de vida se adecue a sus expectativas. Un sistema sanitario moderno tiene que hacer frente a estos retos, no solo conseguir con la medicina asistencial que los pacientes vivan más, sino que los an˜os vividos no estén marcados por el dolor y el sufrimiento. Este es el reto que tiene que afrontar una especialidad como la del tratamiento del dolor y, para esto, los que nos dedicamos a ella, creemos que es urgente que se pongan en marcha las siguientes acciones:

1.  Que las unidades del dolor se separen estructuralmente de los servicios de anestesiolog´ıa y de reanimacio´n o de otros servicios de los que dependan, que se definan sus plantillas y dejemos de competir en recursos de personal con ellos, esto permitira´ estabilizar nuestro trabajo, conseguir facultativos dedicados a una actividad fija y que no tengan que compatibilizar dos especialidades al mismo tiempo. A su vez, conseguiremos que el personal facultativo tenga una mejor formacio´n, pueda profundi­zar en el conocimiento de las materias espec´ıficas de esta a´rea de conocimiento y pueda dedicar sus energ´ıa s a l estudio, al tratamiento y a la investigacio´n en nuestra especialidad. Esto permitir´ıa, asimismo, poder realizar traslados de unos hospitales a otros, como ocurre con el resto de las especialidades me´dicas.

2.  Que se ponga en marcha definitivamente el a´rea de capacitacio´n en dolor, que los futuros me´dicos que trabajen en unidades del dolor tengan la posibilidad de formarse en una especialidad que cada vez requiere mayores conocimientos y habilidades te´cnicas, lo que garantizara´ a todos los ciudadanos que acudan a una cl´ınica del dolor la ecuanimidad a la hora de ser tratado por un especialista que al menos cumplira´ unos m´ınimos recogidos en el curr´ıculum de la especialidad.

3.  Que se defina claramente cua´l debe ser la cartera de servicios de las unidades del dolor. Hagamos comprender a la administracio´n que una consulta con un letrero en la puerta y un sen˜or sentado expendiendo recetas de fa´rmacos no es una cl´ınica del dolor. Llevamos an˜os llena´ndonos la boca con la palabra )multidisciplinario*, pero las unidades del dolor que cumplen este criterio en nuestro pa´ıs se pueden contar con los dedos de una mano, ya va siendo hora de que definamos lo que significa esta palabreja y la pongamos en pra´ctica. Que cualquier ciudadano, viva en la regio´n donde viva, tenga la posibilidad de acceder a una cl´ınica del dolor donde se pueda dar respuesta a sus problemas, sin tener que desplazarse a cientos de kilo´metros, en el mejor de los casos, o en el peor, a salir de una consulta con una receta que dif´ıcilmente le va a solucionar su padecimiento.

4.  Que se elaboren planes territoriales de tratamiento del dolor, en los que se establezcan los diferentes niveles de tratamiento, desde la medicina primaria hasta la cl´ın ic a del dolor multidisciplinaria, cua´l debe ser el circuito, cua´les las estructuras habilitadas para atender al paciente y cua´les los centros de referencia para conseguirlo. El tratamiento del dolor debe empezar en la asistencia primaria, pero este nivel asistencial no puede dar respuesta a una gran cantidad de pacientes cuyo problema de dolor cro´nico es complejo, y que van a requerir de un tratamiento multidisciplinario. No se pueden admitir planes de tratamiento del dolor en los que no se contemple la existencia de la cl´ınica del dolor de referencia, donde se puedan ofrecer al paciente todas las posibilidades terape´uticas que existen hoy en d´ıa c o n una eficacia y evidencia bien fundamentadas. Los abajo firmantes, me´dicos que trabajamos en unida­des del dolor, realizamos un llamamiento a la Sociedad Espan˜ola del Dolor, como representante de los especialistas de nuestro pa´ıs, para que inicie ante las autoridades competentes, nacionales, autono´micas y locales las gestiones necesarias encaminadas para poner en marcha los puntos arriba expresados, sabiendo que tendra´ detra´s el apoyo de la gran mayor´ıa de los especialistas que en este momento nos dedicamos al tratamiento del dolor y que estamos dispuestos a movilizarnos para conseguir estos objetivos.

 

Descargar articulo pdf

 

 

 
 

© 2007 Sociedad Española del Dolor (SED) – Creado por CYCVISION. Usabilidad y Rentabilidad