-Histórico
Vol 19 [2012]
Vol 18 [2011]
Vol 17 [2010]
Vol 16 [2009]
Vol 15 [2008]
Vol 14 [2007]
Vol 13 [2006]
Vol 12 [2005]
Vol 11 [2004]
Vol 9 [2002]
Vol 8 [2001]
-- Num 8 [Dic]
-- Num 7 [Nov]
-- Num 6 [Ago]
-- Num 5 [Jun]
-- Num 4 [May]
-- Num 3 [Abr]
-- > Num 2 [Mar]
-- Num 1 [Ene]
Vol 7 [2000]
Vol 6 [1999]
Vol 5 [1998]
-- Directorio de Autores
 
Portada > Vol 8 > Num 2 > Articulo 213    
     
Editorial  

 

La utilización de tratamientos no farmacológicos por los especialistas en dolor.

Autores: Berman , B M ; Barkert , R ;

Codigo de referencia de este contenido:
Barkert , R ; Berman , B M ; :La utilización de tratamientos no farmacológicos por los especialistas en dolor. Rev Soc Esp Dolor 8 (2001);2 :89 - 92
 

 

_Servicios

 

Es difícil imaginar a alguien que lea con cierta regularidad la literatura médica y qu e no ha y a oí do h abl ar del i n t eré s p or l a m edi cin a “ a lt e rnat iv a ” , “complementaria” o “integradora” (p. ej., Fontanarosa y Lundberg, 1990; Angell y Kassirer, 1998), sin duda alguna, generado en parte por el sorprendente dato de que el número de visitas que realizan los pacientes a proveedores de medicina a l t e r n a t iva e s may or q ue el qu e r ea liza n a mé dic os tr a di cio nal e s ( Eis en berg y co l s., 1998). Una serie de encuestas, entre ellas dos metaanálisis de esta literatura (Ernst y cols., 1995; Astin y cols., 1998) han documentado también el interés de los médicos por los tratamientos complementarios, estando la mayoría de ellos dispuestos a remitir a sus pacientes por lo menos a algunas de esas modalidades (Borkan y cols., 1994; B l u m b e rg y c ols. , 199 5; B erm a n y co ls. , 199 9) . Po r ot ra pa rt e, las e ncu esta s r eal izad a s a los consumidores de esos servicios, como las de Eisenberg y cols. (1993, 1998) y otro s a u to res ( Lo rn er y Ke n n e d y, 1 992 ; Asti n 199 8) , han i ndi cad o q ue lo s pa cien te s buscan principalmente ese tipo de tratamientos para trastornos relacionados con dolor crónico, como problemas de espalda, cefaleas y artritis.

Considerando que: a) el dolor parece ser el principal determinante del uso que los pacientes hacen de tratamientos complementarios; b) el dolor crónico es un trastorno muy frecuente en la población general (Verhaak y cols., 1998); y c) la información que disponemos respecto a la utilización o remisión que hacen los médicos a tratamientos complementarios ha sido obtenida principalmente por medio de encuestas a médicos de atención primaria y reumatólogos, un paso natural en el estudio de este fenómeno sería averiguar las opiniones que tienen los especialistas en dolor respecto a las creencias y el uso de este tipo de asistencia. Pero al revisar la literatura (incluidos los tipos de estudios que se publican en esta revista), se hace cada vez más claro que las fronteras entre los tratamientos complementarios y convencionales están empezando a difuminarse en la práctica clínica actual. Dicho de otro modo, lo que antes podía haberse considerado como un tratamiento alternativo (o incluso complementario) para el dolor (p. ej., psicoterapia, acupuntura, hipnoterapia), se considera ahora parte de una práctica responsable e informada. Por ese motivo, hemos elaborado una lista de 22 tratamientos no farmacológicos para el dolor, con la finalidad expresa de encuestar a especialistas en esa área sobre la utilización real de esos tratamien tos en la práctica c l í n i c a .

En la primavera de 1997 obtuvimos una muestra aleatoria generada por ordenador de 732 médicos a partir de la lista publicada en 1995 de los miembros de la Asociación Inter -nacional para el Estudio del Dolor y les enviamos una carta anunciándoles que, en breve, recibirían por correo un cuestionario sobre sus creencias y utilización de esos tratamientos. En el cuestionario enviado posteriormente a los médicos se les preguntaba, entre otras cosas: si a) consideraban que sabían lo suficiente para discutir cada uno de esos 22 tratamientos (enumerados por orden alfabético) con sus pacientes; b) si creían que todos esos tratamientos formaban parte de “una práctica médica legítima”; y c) si los utilizaban en sus consultas médicas o remitían a sus pacientes a otro profesional que sí los utilizaba.

Tras el envío por correo de un segundo cuestionario y una tarjeta de recordatorio, se recibieron 362 cuestionarios utilizables (46 cuestionarios se devolvieron por “destinatario no encontrado”), lo que supuso una tasa global de respuesta del 53%. En conjunto, la muestra estaba constituida por un grupo de médicos relativamente experimentados y con una edad media de 50,6 años (DE = 10,8). La gran mayoría eran médicos en ejercicio (94%), de los cuales el 91% tenían al menos una especialidad, y el 39% dos o más. Las especialidades más frecuentes fueron neurología (20%), tratamiento del dolor (19%), fisioterapia/rehabilitación (17%) y psiquiatría (10%). El 70% de la muestra ejercía la medicina en alguno de 40 países distintos a Estados Unidos.

Como se indica en la Tabla I, existieron grandes diferencias entre los 22 tratamientos con respecto a su utilización clínica por parte de los médicos de la muestra. El 81%, por ejemplo, había utilizado o remitido a sus pacientes a asesoramiento o psicoterapia, mientras que sólo un 4% había utilizado o remitido a sus pacientes a Qi Gong o aromaterapia. De los ocho tratamientos que habían sido utilizados (es decir, administrados o remitidos a otro médico) por al menos la mitad de la muestra, la acupuntura (69%) fue claramente el tratamiento me nos convencional desde la pe rspectiva de l a a tención prima ria occidental. A d e-más del Qi Gong y la aromaterapia, siete de los 22 tratamientos de la lista (a saber, medicina natural, tai chi, arteterapia, homeopatía, megavitaminas, ecología clínica y terapia neural) habían sido utilizados por menos del 20% de los encuestados. Pero curiosamente, esa muestra había utilizado o remitido a sus pacientes a una media de 8,3 de los 22 tratamientos (DE = 4,6) y sólo 21 médicos (6%) no habían utilizado ni remitido nunca a ninguno de sus pacientes a alguno de esos 22 tratamientos.

TABLA I. PROPORCIÓN DE ENCUESTADOS QUE A) UTILIZARON TRATAMIENTOS NO FARMACOLÓGICOS EN SUS CONSULTAS O REMITIERON A SUS PACIENTES A OTROS PROFESIONALES; B) DECLARARON TENER CONOCIMIENTOS SUFICIENTES PARA DISCUTIR LOS TRATAMIENTOS CON SUS PACIENTES; Y C) CONSIDERARON QUE LOS TRATAMIENTOS ERAN PARTE DE LA PRÁCTICA MÉDICA LEGÍTIMA (n = 363).

Proporción que declaró utilizarlo o remitir a sus pacientes

Proporción que declaró conocimi suficientes para discutirlo con sus pacientes

entos Proporción que consideró el tratamiento una práctica médica legítima

Asesoramiento/Psicoterapia

0,81

0,59

0,89

Aplicaciones electromagnéticas (TENS, imanes)

0,77

0,65

0,84

Ejercicio de intervención

0,72

0,59

0,80

Acupuntura

0,69

0,70

0,84

Biofeedback

0,66

0,62

0,83

Medicina de conductas

0,62

0,57

0,78

Prescripción dietética

0,59

0,33

0,71

Técnicas de respuesta de relajación

0,50

0,43

0,61

Terapia de manipulación (no quiropráctica)

0,46

0,49

0,52

Hipnoterapia

0,45

0,38

0,64

Quiropráctica

0,40

0,44

0,55

Meditación

0,31

0,36

0,45

Oración y dirección espiritual

0,27

0,23

0,31

Medicina natural/Botánica

0,19

0,18

0,27

Tai Chi

0,18

0,17

0,21

Arteterapia

0,14

0,14

0,31

Homeopatía

0,13

0,17

0,18

Megavitaminas

0,13

0,18

0,16

Ecología clínica/Medicina ambiental

0,12

0,14

0,30

Terapia neural

0,11

0,11

0,13

Aromaterapia

0,04

0,09

0,06

Qi Gong

0,04

0,04

0,06

 

Como también se indica en la Tabla I, existieron pautas similares en los 22 tratamientos respecto a los conocimientos declarados por los propios médicos y su creencia en la legitimidad de los tratamientos. De hecho, las correlaciones de órdenes de rango entre utilización/remisión frente a conocimientos y actitudes (es decir, evaluaciones de la legitimidad) fueron de 0,95 (p<0,001) y 0,97 (p<0,001), respectivamente. Aunque existió una estrecha concordancia entre el orden de rango de las tres variables, se detectó una diferencia interesante para la acupuntura. Esa muestra en particular de especialistas en dolor, declaró un mayor conocimiento de la acupuntura que de cualquiera de los demás tratamientos y reconoció su legitimidad médica en segundo lugar, sólo por detrás del asesoramiento/psicoterapia.

Consideramos que el hallazgo más interesante que se deriva del presente estudio es la utilización relativamente amplia de tratamientos no farmacológicos. El frecuente uso de asesoramiento/psicoterapia, TENS/otras aplicaciones electromagnéticas y ejercicio, no fue inesperado. Por el contrario, sí nos sorprendió el hecho de que más de las dos terceras partes de los en-cuestados declararan haber utilizado o remitido a sus pacientes a tratamientos de acupuntura, y que una proporción todavía mayor considerara este tratamiento alternativo como parte legítima de la práctica clínica, especialmente si consideramos que la encuesta se realizó antes del Panel de Consenso sobre la Acupuntura del NIH (1998). Ninguna de las revisiones anteriormente citadas (Ernst y cols., 1995; Astin y cols., 1998) encontraron una percepción tan favorable de la acupuntura, si bien debe decirse que la IASP cuenta con un grupo relativamente grande de interés especial por la acupuntura.

La encuesta presenta una serie de limitaciones. La tasa de respuesta, aunque respetable para ser una encuesta a médicos por correo, podría haber sido mayor. Posiblemente también habría sido preferible separar la administración personal de la remisión a otros profesionales, aunque nuestro principal objetivo con esta encuesta era averiguar la medida en que los especialistas en dolor utilizan tratamientos no farmacológicos en sus consultas, con independencia de quién administre los tratamientos específicos.

Pero incluso teniendo en cuenta esas limitaciones, la encuesta parece reflejar una mentalidad definitivamente abierta de los especialistas en dolor a una serie de modalidades terapéuticas no farmacológicas. El hecho de que una proporción mayor de encuestados considerara que todos esos tratamientos formaban parte de la práctica médica legítima frente a los que realmente los utilizaban (o remitían a sus pacientes), sugiere que una encuesta similar hecha en el futuro podría encontrar unos niveles de uso todavía mayores. Aunque pueden existir diferencias de opiniones respecto a la conveniencia de utilizar algunos de esos tratamientos individuales para el alivio del dolor, puede afirmarse que la mentalidad más abierta observada en este grupo de médicos bien informados para, al menos, explorar diferentes alternativas terapéuticas, refleja un verdadero compromiso con el alivio del dolor de sus pacientes.

B. M. Berman y R. Barkert

Keman Hospital Mansion. Baltimore. EE.UU.

B I B L I O G R A F Í A

An geil M, Kas sire r J P. A l t e r n a t ive m edic ine - t he r isk s o f u ni es ted and unr eg ulat ed re me dies . N Eng l J Med 1998; 339: 839-41.

As tin JA . W hy pa tien ts us e alte r nat ive med icin e: re sult s o f a n atio nal st u dy. J A m Med Asso c 1998 ; 279: 1548-53.

As tin JA, Ma ri e A, Pel let ier KR, Hans en E , H askell WL. A rev i ew of the inc orpo ra ti on o f co mpl e-mentary and alternative medicine by main-stream physicians. Arch Int Med 1998; 158: 2303-10.

Berman RM, Bausell RB, Hartnoll SM, Beckner M, Bareta J. Compliance with requests for c o m p l e m e n t a r y - a l t e r n a t ive m edic ine ref e rral s: a sur vey of p rima ry care phys ic ia n s. In te -grat Med 1999; 2: 11-7.

B l u m b e rg DL, Gran t WD, H endr icks S R, Ka mps C A, Dowan MJ. Th e phys iciu m and u ncon -ventional medicine. Alter Ther 1995: 1: 31-4.

Borkan J, Neher JO, Anson O, Smoker B. Referrals for alternative therapeutic. J Farm Prac 1994; 39: 545-50.

E i s e n b e rg DM , Ke ssle r RC, Fo ster C. N o rloc k FE, Calk i ns D R, De lban co TL. U nc onve n t i o n a l medicine in the United States - prevalence, costs, and paterns of use. N Engl J Med 1993; 328: 246-52.

E i s e n b e rg DM, Dav is RB, Ettne r SL, Appel S , Wi l key S, Van Rompey M, e t al. Trends in alt er-n a t ive me dicine use in the United S tates, 1990 -1 99 7. J Am Med Assoc 1998; 280: 15 69-75 .

Ernst E, Resch KL, White AR. Complementary medicine: What physicians think of it: a meta-analysis. Arch Int Med 1995; 155: 2405-08.

Fo ntan aros a PB , Lun dberg G D. A l t e r n a t ive me di cin e mee ts sc ienc e. J Am M ed As so c 1990 ; 280: 1618-19.

Lerner IJ, Kennedy BJ. The prevalence of questionable methods of cancer treatments in the United States. Ca A Can J Clin 1992; 42: 181-91.

NIH Consensus Development Panel on Acupuncture. J Am Med Assoc 1998; 280: 1518-24.

Verhaak PFM, Kerssens JJ, Dekker J, Sorbi MJ, Bensing JM. Prevalence of chronic benign p ain diso rder amo ng a dult s: a rev i ew of the lite ratu re. Pa in 1 998 ; 77 : 23 1-9.

 

Descargar articulo pdf

 

 

 
 

© 2007 Sociedad Española del Dolor (SED) – Creado por CYCVISION. Usabilidad y Rentabilidad